[PARTE 2] El Secreto Oculto en la Niebla

Publicado por Emontero el

El viento frío cortaba como cuchillas a través de los árboles centenarios y la bruma espesa.

Ella temblaba descontroladamente, aferrando ambas manos sobre su vientre abultado como si pudiera proteger a su bebé del frío y del pánico.

Frente a ella, la inmensa figura del hombre parecía oscurecer lo poco que quedaba de luz en aquel bosque maldito.

—Tienes que huir ya —dijo él, con una urgencia que retumbaba en su pecho—. Pronto oscurecerá, los lobos bajarán a cazarte.

Ella retrocedió instintivamente hasta que su espalda chocó contra la madera húmeda de un banco viejo.

El Despertar de la Pesadilla

El pánico se apoderó de su respiración, volviéndola entrecortada y dolorosa.

—¿Cazarme? —logró articular, con la voz quebrada y la mirada desorbitada—. ¿Dónde diablos estoy? Eres un gigante, no sé quién eres.

El silencio del bosque pareció tragar sus palabras. Solo se escuchaba el crujir de las ramas y una amenaza invisible acechando entre las sombras.

Él dio un paso al frente. Levantó un brazo fuerte, marcando con su dedo índice un destino terrible.

—Te arrojaron al bosque a propósito para que murieras.

El Destino de los No Deseados

Las palabras la golpearon con más fuerza que la ventisca gélida.

—Así borran a los no deseados —sentenció él, con una crudeza absoluta que le heló la sangre.

El aire se volvió pesado, opresivo. Ella se sentía acorralada física y mentalmente.

El hombre invadió su espacio visual, demostrando una dominancia física aplastante. Ella se encogió, sintiéndose diminuta y frágil.

—¿Y por qué confiaría en ti? —susurró, encorvándose a la defensiva—. Mírate, eres enorme y me das terror.

Él permaneció estoico, como una montaña inamovible frente a su desesperación.

La Última Súplica

Las lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos sin control.

—Por favor, no le hagas daño a mi bebé —rogó, aferrándose al vientre con todas sus fuerzas—. No tengo a nadie más.

El bosque parecía cerrarse a su alrededor, devorando cualquier atisbo de esperanza con cada segundo que el sol caía.

Él bajó ligeramente la barbilla. Su semblante severo no mostró compasión, pero tampoco crueldad; solo una inflexible autoridad.

—Soy tu única opción de vivir.

Un aullido desgarrador rompió la calma del anochecer a lo lejos, confirmando que el tiempo se había agotado.

¿Te atreverías a seguir a un extraño aterrador hacia la oscuridad si fuera tu única forma de sobrevivir?

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