[Parte 2]

Publicado por Emontero el

El frío implacable del acero le caló hasta los huesos antes siquiera de poder abrir los ojos.

Un penetrante olor a antiséptico y el eco metálico del instrumental quirúrgico llenaban la gélida y aséptica sala de la morgue.

El forense se acercó a la mesa, sosteniendo el bisturí con un ademán puramente clínico, preparado para realizar la primera incisión.

Fue entonces cuando ella despertó.

Una inhalación brusca, desesperada, rompió el silencio del cuarto. Sus ojos se abrieron de par en par, inyectados en pánico y adrenalina pura.

Antes de que el médico pudiera retroceder o emitir un grito de terror, ella levantó una mano temblorosa hacia él.

Llevó su dedo índice a los labios, exigiéndole silencio absoluto con una urgencia que no dejaba lugar a dudas.

Su otra mano señaló hacia el cristal translúcido de la puerta principal, donde una silueta oscura aguardaba inmóvil, observando desde las sombras.

—No diga nada —susurró con la voz rasposa, casi inaudible—. El hombre que me envenenó está detrás de esa puerta.

El silencio que siguió fue asfixiante, roto únicamente por el zumbido de los tubos fluorescentes y el ruido mecánico del picaporte girando.

La pesada puerta se abrió de par en par con un gemido sordo.

Un hombre impecablemente trajeado entró en la sala. Su postura era erguida; sus pasos, firmes, marcando su autoridad en cada movimiento.

Inundó el espacio con su oscura presencia, mientras el forense giraba sobre sus talones, atrapado entre el asombro de lo imposible y el miedo.

El recién llegado paseó su mirada gélida por la camilla cubierta. Su rostro era una máscara impasible, pero sus ojos destilaban un cinismo brutal.

—Doctor —dijo con una voz profunda que rebotó contra los azulejos blancos—. Ya puede firmar la cremación.

El médico tragó saliva. La tensión endureció su mandíbula, pero un instinto protector hacia la mujer que respiraba a sus espaldas tomó el control.

—Sí, claro —respondió, forzando un tono de frío profesionalismo—. Pero primero salga. Debemos terminar de abrir a la paciente.

El hombre de traje lo observó un segundo más. Una leve sonrisa de satisfacción asomó en la comisura de sus labios antes de asentir, dar media vuelta y salir, cerrando con un golpe seco.

En el instante en que el pestillo encajó, el sonido de la sábana resbalando contra el metal cortó el aire de la habitación.

Ella se incorporó de golpe.

El terror en su rostro se había evaporado por completo, reemplazado ahora por una determinación letal y absoluta.

Frunció el ceño, mirando hacia el frente con una frialdad que helaba la sangre, y sentenció:

—Esto no se va a quedar así. Si quieres ver qué hago con él, da like y ve al primer comentario.

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